
Alfredo Romeo Molina es un emprendedor nato, graduado en Finanzas por la Saint Louis University en 1997, que se define a sí mismo como empresario, pionero, anticipador, aprendiz y servidor. En el año 2000 fundó su primera empresa; ha
estado siempre vinculado al desarrollo de tecnologías disruptivas en la idea de
ponerlas al servicio de otros emprendedores y PYMEs. Es un cordobés que ejerce como tal; uno de sus proyectos fue poner en marcha Cordobapedia.
Es el fundador, inversor y CEO de Datta Capital, empresa innovadora de servicios
empresariales y tecnológicos con sede en Córdoba, que se sitúa a la vanguardia
de la transformación digital y financiera en Andalucía. Entre sus desarrollos
está DattaBot (conversando con tus datos) una competitiva herramienta que
simplifica al máximo el proceso de construcción de bots alimentados con
documentación del usuario.
09/09/2024
¿Qué se puede esperar a corto, medio y largo plazo de la interacción de la denominada inteligencia artificial con la inteligencia humana?
La inteligencia, desde una perspectiva general, ha sido un concepto complejo y multifacético, con diversas definiciones que abordan aspectos distintos de la capacidad cognitiva.
La Real Academia Española (RAE) define «inteligencia» con varias acepciones que reflejan tanto el entendimiento práctico como el filosófico y espiritual de este término. Estas definiciones nos permiten abarcar diferentes matices del concepto, desde la capacidad de resolver problemas hasta la comprensión más abstracta del mundo.
Definiciones de la RAE de «Inteligencia»
- f. Capacidad de entender o comprender:
Esta primera acepción refleja la capacidad fundamental de la inteligencia para procesar información y adquirir conocimiento. Es la base del aprendizaje, ya que permite al individuo comprender conceptos, relaciones y situaciones. La inteligencia artificial, por su parte, busca emular este proceso a través de algoritmos y redes neuronales, que «aprenden» de grandes conjuntos de datos para comprender patrones y tendencias. La capacidad de entender del ser humano, sin embargo, va más allá de los datos: incluye intuición, contexto y emociones, aspectos que la IA aún no domina completamente.
- f. Capacidad de resolver problemas:
Aquí se introduce un concepto clave de la inteligencia: la anticipación y la adaptación para enfrentar desafíos. En el contexto de la IA, los sistemas diseñados para resolver problemas específicos (como los algoritmos de diagnóstico médico o los programas de ajedrez) muestran cómo la inteligencia puede automatizarse en tareas concretas. Sin embargo, la resolución de problemas en los humanos no solo depende de la lógica, sino también de la creatividad, una dimensión de la inteligencia que la IA está empezando a abordar, pero aún con limitaciones.
- f. Conocimiento, comprensión, acto de entender:
Esta acepción subraya el acto mismo de entender, que implica no solo procesar información, sino también interpretarla y darle significado. La IA puede analizar grandes cantidades de datos, pero carece de una comprensión intrínseca del mundo tal como lo hacen los seres humanos. Los humanos no sólo recogen información; la sitúan en un contexto más amplio de experiencias previas, emociones y valores. En esta fase, la inteligencia artificial sigue estando lejos de alcanzar una comprensión holística comparable a la humana.
- f. Sentido en que se puede tomar una proposición, un dicho o una expresión
Esta definición de la inteligencia como la capacidad de interpretar el sentido de algo es relevante para el procesamiento del lenguaje natural (NLP), uno de los campos más avanzados de la IA en la actualidad. Chatbots y asistentes virtuales, por ejemplo, pueden interpretar el significado literal de las palabras, pero a menudo carecen del contexto necesario para comprender el subtexto o las intenciones que subyacen en una conversación humana.
- f. Habilidad, destreza y experiencia:
La inteligencia también se manifiesta en la capacidad de aplicar conocimientos de manera práctica. Esta acepción se relaciona directamente con la noción de aprendizaje automático (machine learning), donde los sistemas de IA se vuelven más eficientes y precisos cuanto más practican y procesan datos. Sin embargo, en los seres humanos, la experiencia no solo refuerza la habilidad, sino que también aporta un componente emocional y personal, que difícilmente puede ser replicado por una máquina.
- f. Trato y correspondencia secreta de dos o más personas o naciones entre sí
Aunque esta acepción de la inteligencia está más relacionada con la diplomacia o la estrategia política, es interesante considerarla en el contexto de la interacción entre humanos y máquinas.
A medida que las IA se vuelvan más autónomas y complejas, es posible que surjan relaciones de inteligencia entre ellas y los humanos, donde la colaboración será clave para resolver problemas de manera conjunta. Esta idea de una correspondencia, aunque no secreta, refleja el futuro de la colaboración entre ambas formas de inteligencia.
- f. Sustancia puramente espiritual:
Finalmente, la acepción más abstracta de inteligencia se refiere a una esencia inmaterial y espiritual. Aunque no es aplicable a la IA en un sentido literal, plantea una pregunta filosófica sobre si las máquinas podrían algún día alcanzar una forma de «conciencia» o autoconciencia.
Por ahora, la inteligencia artificial no posee consciencia ni un sentido del «yo», pero a medida que los sistemas avanzan, esta idea suscita debates sobre la posibilidad de una IA verdaderamente autónoma y consciente.
La interacción de la inteligencia humana y la IA en el corto, medio y largo plazo
Corto plazo: Chatbots y Agentes Virtuales
En el corto plazo, la interacción entre inteligencia humana y artificial se materializa principalmente en chatbots y agentes virtuales, que utilizan la capacidad de entender y procesar el lenguaje natural para resolver problemas básicos de los usuarios. Estos sistemas, impulsados por algoritmos de aprendizaje automático, son capaces de comprender preguntas sencillas y ofrecer respuestas coherentes basadas en datos previamente almacenados. Los asistentes virtuales, como Siri o Alexa, ya forman parte de nuestra vida diaria, ayudando con tareas rutinarias como la gestión de calendarios o la búsqueda de información en línea.
Estos sistemas representan un avance significativo en la automatización, pero su capacidad para resolver problemas sigue siendo limitada. Aunque pueden anticipar ciertas necesidades del usuario, como recordar eventos o sugerir rutas, carecen de una comprensión profunda del contexto emocional o social de las interacciones humanas. En resumen, su inteligencia es limitada al ámbito funcional, pero aún supervisada por la inteligencia humana, que les proporciona los parámetros y datos necesarios para operar.
Medio plazo: Agentes Autónomos y Sistemas Conectados
En el medio plazo, podemos esperar que la inteligencia artificial evolucione hacia sistemas más autónomos e interconectados, que no solo procesen información, sino que también tomen decisiones de manera independiente. Estos sistemas no solo resolverán problemas específicos, sino que podrán adaptarse y aprender en tiempo real, como lo harían los vehículos autónomos o los robots industriales.
Aquí entra en juego el concepto de propiedades emergentes, donde la interacción entre múltiples agentes autónomos podría dar lugar a comportamientos o soluciones que no se pueden predecir a partir de las reglas originales que los gobiernan. Este tipo de inteligencia emergente plantea desafíos éticos y técnicos sobre cómo mantener el control y la supervisión de estos sistemas, y hasta qué punto deberían actuar de manera independiente.
Largo plazo: Singularidad y Fusión de Inteligencias según Kurzweil
A largo plazo, nos adentramos en un terreno especulativo, dominado por teorías como la de la singularidad tecnológica, propuesta por Ray Kurzweil. Según Kurzweil, a medida que la inteligencia artificial siga desarrollándose, llegará un punto en el que la velocidad de los avances tecnológicos se acelerará de manera exponencial, conduciendo a una fusión entre la inteligencia humana y la artificial. Este proceso, que podría suceder alrededor de la mitad del siglo XXI, llevaría a la creación de una inteligencia híbrida, donde los humanos aumenten sus capacidades mediante la integración de tecnologías avanzadas, como las interfaces cerebro-máquina o la nanotecnología.
La anticipación al futuro en este contexto se volvería mucho más precisa y avanzada, ya que los humanos podrían acceder a conocimientos y habilidades casi ilimitadas. La singularidad tecnológica plantea preguntas fundamentales sobre la naturaleza de la humanidad y la inteligencia misma, y cómo la interacción entre la inteligencia humana y artificial redefinirá nuestras capacidades cognitivas y nuestra percepción de la realidad.
Conclusión La interacción entre inteligencia artificial y humana está en constante evolución, con diferentes fases que se pueden observar en el corto, medio y largo plazo. En el corto plazo, vemos avances prácticos en la automatización de tareas simples a través de chatbots y agentes virtuales. A medio plazo, los agentes autónomos y los sistemas conectados marcarán el futuro de la colaboración entre máquinas y humanos. Y, en el largo plazo, según las teorías de Ray Kurzweil, podríamos estar en el umbral de una fusión completa entre ambas formas de inteligencia, lo que transformará radicalmente nuestra comprensión de lo que significa ser inteligente y humano