
Antonio Zapatero Gaviria es Jefe de Servicio de Medicina Interna en el Hospital Universitario de Fuenlabrada y Profesor Titular de Medicina de la Universidad Rey Juan Carlos de Madrid. Expresidente de la Sociedad Española de Medicina Interna (SEMI) y de la Federaciones de Asociaciones Científico Médicas Españolas (FACME. Ha sido Viceconsejero de Sanidad de la Comunidad de Madrid y actualmente es Secretario Ejecutivo de Asistencia Sanitaria del Partido Popular. Campeón de España de Tenis.
30/06/2024
¿Qué se puede esperar a corto, medio y largo plazo de la interacción de la denominada inteligencia artificial con la inteligencia humana?
La llegada de la inteligencia artificial (IA) está comenzando a integrarse en numerosas áreas de nuestra vida cotidiana y profesional. La diferencia fundamental frente a las revoluciones tecnológicas más recientes, como fueron la informática o internet, es que no vamos a tener un proceso de 10 años para que el grueso de la población se adapte a estos cambios. Esto implica un riesgo enorme de dejar a gente atrás apareciendo nuevas profesiones y desapareciendo otras a una velocidad nunca vista que afectará incluso a la formación de los jóvenes dándose la paradoja de que puedan comenzar profesiones que estarán obsoletas antes de terminarlas.
A efectos prácticos solo soy capaz de aventurar una serie de cambios que sucederán a corto plazo y a fantasear los cambios previsibles a medio plazo con la llegada de la Inteligencia artificial general (IAG)
Corto Plazo (1-5 años)
En el corto plazo, la inteligencia artificial ya está comenzando a integrarse en numerosas áreas de nuestra vida cotidiana y profesional. En la medicina, por ejemplo, la IA ya está siendo utilizada para mejorar el diagnóstico y tratamiento de enfermedades. Algoritmos avanzados de aprendizaje automático pueden analizar grandes volúmenes de datos médicos para identificar patrones que podrían no ser evidentes para los humanos. Esto puede llevar a diagnósticos más precisos y tratamientos personalizados.
Además, la IA está mejorando la eficiencia en la gestión sanitaria. Sistemas de IA pueden optimizar la programación de citas, gestionar inventarios de medicamentos y equipos médicos, y mejorar la coordinación entre diferentes departamentos dentro de un hospital. Esto no solo reduce costos, sino que también mejora la calidad del servicio al paciente.
No podemos tampoco obviar el cambio que los modelos grandes de lenguaje natural (LLM) van a suponer en la relación médico paciente terminando con la queja más frecuente de los últimos diez años con relación a que los médicos pasamos más tiempo delante de pantallas que de pacientes.
Desgraciadamente este desarrollo a enorme velocidad genera también problemas éticos importantes derivadas de la interacción entre la IA y la inteligencia humana. La privacidad, la seguridad y la equidad ya son preocupaciones fundamentales y el desarrollo de marcos regulatorios van a generar grandes diferencias entre países como hemos visto hace unos días con la noticia de que en la Unión Europea no se implantará el modelo de IA de Apple.
Además, debemos considerar el impacto en el empleo. Mientras que la IA tiene el potencial de aumentar la eficiencia y crear nuevas oportunidades, también podría desplazar a muchos trabajadores. Por ejemplo, sabemos que el desarrollo de los nuevos modelos de lenguaje grandes (LLM por sus siglas en inglés) como ChatGPT están ligados indirectamente a la industria del videojuego y más concretamente a Nvidia (una empresa que en origen desarrollaba tarjetas gráficas). Pues bien, mientras Nvidia se ha posicionado como la empresa más valiosa del mundo el sector de los videojuegos ha perdido a un 20% de sus trabajadores en los últimos meses. Lo ideal sería tener tiempo para planificar una transición equitativa, proporcionando educación y capacitación para que las personas puedan adaptarse a nuevas formas de trabajo, pero mucho me temo que este cambio vertiginoso no nos lo va a permitir.
Medio Plazo (5-10 años)
En el medio plazo, la interacción entre la IA y la inteligencia humana se volverá aún más profunda y sofisticada. Es previsible que en tres-cinco años se desarrolle la inteligencia artificial general (IAG) o, en inglés, Artificial General Intelligence (AGI). Este modelo implica que la IA no solo podrá realizar tareas específicas para las que ha sido entrenada, sino que también tendrá la capacidad de comprender, aprender y aplicar conocimientos de una manera similar a los seres humanos, incluyendo la posibilidad de tener una forma de conciencia o autoconciencia.
A partir de este punto solo puedo fabular sobre los esperables (y deseables) cambios que deseamos ver: un aumento en la colaboración entre humanos y máquinas, donde la IA no solo asista en tareas específicas, sino que también participe en la toma de decisiones complejas.
En medicina, esto podría significar que los sistemas de IA no solo ayuden a diagnosticar enfermedades, sino que también sugieran opciones de tratamiento basadas en la historia médica completa del paciente y los datos más recientes de investigaciones médicas. Los médicos podrían confiar en la IA para obtener segundas opiniones o para validar sus decisiones, lo que mejorará la precisión y reducirá los errores médicos.
El previsible desarrollo que veremos en los próximos años en el arsenal terapéutico va a ser tremendo (ya hemos leído recientemente la noticia sobre nuevos antibióticos gracias a la IA).
La educación médica también se transformará. La IA podría personalizar el aprendizaje para cada estudiante de medicina, adaptando el contenido y el ritmo de enseñanza según las necesidades individuales. Los simuladores con IA podrían ofrecer experiencias de entrenamiento realistas para procedimientos complejos, mejorando la preparación de los futuros médicos.
Una última reflexión
Es natural que los cambios radicales que vislumbramos para el futuro nos generen inquietud. Sin embargo, recordemos la anécdota de Henry Ford, el pionero de la producción en masa de automóviles, quien señaló: “Si hubiera preguntado a la gente qué quería, me habrían dicho que caballos más rápidos”. ¿nos subimos al coche?