
Rafael Bañares Cañizares es médico especialista de digestivo con dedicación preferente a la hepatología. Es Jefe de Servicio de Aparato Digestivo del Hospital Gregorio Marañón de Madrid, Catedrático de Medicina de la Universidad Complutense y director científico del CIBER de Enfermedades Hepáticas y Digestivas (CIBEREHD).
10/07/2024
¿Qué se puede esperar a corto, medio y largo plazo de la interacción de la denominada inteligencia artificial con la inteligencia humana?
El paradójico escenario de la Inteligencia Artificial en la Medicina del Siglo XXI
La manera de definir el concepto
En este mundo caracterizado por la imprecisión en el lenguaje, por cierto, símbolo inequívoco del desarrollo cultural de un país, el término inteligencia artificial no deja de ser contradictorio, cercano a un oxímoron. Si uno busca cierto alivio para esta sensación incómoda puede ser útil leer la definición de la RAE de inteligencia artificial que reza literalmente así: “disciplina científica que se ocupa de crear programas informáticos que ejecutan operaciones comparables a las que realiza la mente humana, como el aprendizaje o el razonamiento lógico”. La RAE, con su habitual precisión, delimita el concepto. Se trata por tanto de un avanzadísimo sistema informático lógico, una herramienta poderosísima, pero que únicamente incluye una parte del complejo y vasto concepto de inteligencia. ¡Qué alivio!
Lo irreversible de su presencia
Es muy posible que la introducción del telégrafo que, sin duda cambió en su momento el modo de comunicarse en la sociedad, generara recelos, dudas y franca oposición en determinados sectores de la sociedad. Igualmente, el uso del internet ha cambiado la perspectiva del espacio y del tiempo, y entre otras muchas cosas, la manera en la que comerciamos y nos relacionamos; y sí, también la introducción de esta herramienta tuvo detractores iniciales. Igualmente, es indudable que, sea lo que sea la inteligencia artificial y la profundidad de su alcance, su irrupción y avance es imparable y probablemente, con una dimensión incomparablemente superior a la de los ejemplos previos.
El peligro de la moda
El ser humano es en general poco reflexivo a la hora de asumir la presencia de cambios; sin embargo, la irreflexión en el contexto actual es masiva y contagiosa, arrastrada por el impacto avasallador de los medios de comunicación y de las redes sociales. Todo es hoy inteligencia artificial, todo necesita del adorno de la inteligencia artificial para ser novedoso, moderno, atractivo y por tanto comprable. La adoración simplista del “becerro de oro”, por otra parte, un fenómeno nada actual, fue y es un error notable. Por tanto, creo que resulta imprescindible definir los diferentes escenarios de aplicación, el alcance real de las diferentes herramientas de inteligencia artificial y sobre todo definir los límites éticos de su implantación en áreas críticas, especialmente sensibles en el caso de la Medicina.
Inteligencia artificial en Medicina
La aplicación de la inteligencia artificial en el ámbito de la Medicina es quizá uno de los escenarios que, de forma algo paradójica, genera un intenso debate ético a la vez que permite vislumbrar su potencial y masiva utilidad.
La esencia del ejercicio médico es una compleja interacción entre la incógnita que plantea el conocimiento de la enfermedad y su tratamiento con la vivencia personal, única e intransferible, del ser humano enfermo. Todo ello adornado con el insoslayable y constante cambio del conocimiento y, más recientemente, con la descomunal carga administrativa que la generalización de la tecnología de la información ha depositado sobre los actos médicos.
En este poliédrico escenario, ¿cuál es el lugar que los sistemas de Inteligencia artificial pueden o incluso deben ocupar? Sin duda, compleja pregunta cuya respuesta actual pudiera estar claramente obsoleta en un tiempo mínimo. Empecemos por lo obvio. Sin duda, una aplicación juiciosa de la inteligencia artificial sería capaz de ofrecer una integración, precisa y sin riesgos, de elementos casi siempre presentes en los historiales médicos actuales como alergias, antecedentes, medicación, efectos adversos, la elaboración de pre-informes en procesos altamente rutinarios etc. Desde el punto de vista de la gestión de los procesos, herramientas específicas de inteligencia artificial pueden facilitar la organización y priorización de las peticiones, el ajuste de la lista de espera para procedimientos o consultas adaptado a la gravedad real de cada paciente y de cada contexto etc. Es igualmente imaginable la sofisticada capacidad de análisis de estas herramientas en la generación de informes precisos y rápidos de pruebas de imagen, análisis histológicos etc.
Sin embargo, el eje del acto médico, es decir, la relación humana bidireccional de paciente y médico y, por tanto, la gestión del sufrimiento ajeno es difícilmente sustituible. A pesar de que ya existen prototipos virtuales de asistencia emocional sustentados igualmente por herramientas de inteligencia artificial que parecen ofrecer resultados satisfactorios, éstos solo tendrían cabida a mi juicio en una sociedad aberrante que favoreciera el aislamiento de los individuos y la falta de generación de relaciones con contenido humano.
Por otra parte, la habilidad para detectar lo no conocido, la posibilidad de plantear preguntas de investigación, cuya formulación es imprescindible patrimonio del médico, capaces a su vez de resolver las innumerables incertidumbres que plantean las enfermedades, así como la habilidad de detectar los sutiles e infinitos matices de las emociones de los seres humanos enfermos, son escenarios solo accesibles a la capacidad creativa y a la multidimensionalidad y plasticidad de la mente humana. Por tanto, un elemento relevante en el debate es precisar la importancia relativa de los diferentes planos que el concepto de inteligencia artificial contiene. Así, tan importante como el desarrollo de las herramientas tecnológicas, cuyo instantáneo brillo puede ser deslumbrante, es la interpretación cabal de su aplicación y el análisis crítico de sus límites éticos.
En definitiva, si nos preguntáramos si la inteligencia artificial es la antesala de la desaparición de la profesión médica, la respuesta debe ser que no. Pero es igualmente cierto que el escenario global de la Medicina puede cambiar en la forma más radical que posiblemente se haya visto nunca. Así, los futuros profesionales de la Medicina deben refinar sus habilidades en esta área, han de reivindicar su formación y de manera esencial, su papel central en el desarrollo de las diferentes herramientas y su imprescindible presencia en la generación de conocimiento. No tendría sentido que “proveedores externos” proporcionaran “soluciones modernas” a la complejidad de los actos médicos sin contar con uno de los actores imprescindibles de la Medicina. En este sentido, la defensa de la importancia y trascendencia de la profesión médica, a menudo al albur de los ciegos designios de las administraciones, cobra hoy más valor que nunca.