
Tomás Cobo Castro es médico anestesiólogo y actual presidente del Consejo General de Colegios Oficiales de Médicos (CGCOM) y de la Organización Médica Colegial. Además es vicepresidente de la Unión Europea de Médicos Especialistas (UEMS) y de la Confederación Médica Latinoiberoamericana y del Caribe (CONFEMEL).
10/07/2024
¿Qué se puede esperar a corto, medio y largo plazo de la interacción de la denominada inteligencia artificial con la inteligencia humana?
La ética debe guiar la interacción entre IA e inteligencia humana en la Medicina del futuro
El mundo se enfrenta actualmente a una transformación sin precedentes por la creciente interacción entre la inteligencia artificial (IA) y la inteligencia humana. Esta confluencia promete revolucionar, ya lo está haciendo, la forma en que diagnosticamos, tratamos y gestionamos la salud, presentando oportunidades emocionantes junto con retos complejos. En este contexto, la ética emerge como una brújula imprescindible, guiando el uso responsable de la tecnología para asegurar que los beneficios de la IA se realicen sin comprometer los valores fundamentales de la profesión médica. La medicina del futuro se construirá sobre esta base, donde la innovación tecnológica y el respeto por la dignidad humana se entrelazan de manera inseparable.
Si nos centramos en el corto plazo, la IA ya está comenzando a revolucionar diversos aspectos de la práctica médica. Actualmente, vemos cómo los sistemas de IA se utilizan para el análisis de imágenes médicas, la identificación de patrones en datos de pacientes y la optimización de flujos de trabajo en hospitales. Estas aplicaciones están diseñadas para mejorar la eficiencia y precisión en el diagnóstico, lo cual es fundamental para ofrecer una atención médica de calidad.
Una de las principales ventajas inmediatas es la capacidad de la IA para procesar grandes volúmenes de datos en un tiempo significativamente menor que el que le tomaría a un ser humano. Por ejemplo, los algoritmos de aprendizaje automático pueden analizar miles de radiografías y detectar anomalías con una enorme precisión, lo que no solo acelera el proceso de diagnóstico, sino que también puede reducir la carga de trabajo sobre los profesionales de la salud, permitiéndoles dedicar más tiempo a la atención directa de los pacientes.
Sin embargo, es crucial que este uso de la IA se implemente bajo estrictas normas éticas y deontológicas. El nuevo Código Deontológico de la Organización Médica Colegial (OMC), ya incluye un artículo específico sobre la IA. El texto, aprobado a finales de 2022, recoge que «el médico debe exigir un control ético y finalista de la investigación con inteligencia artificial (IA) basado en la transparencia, la reversibilidad y la trazabilidad de los procesos en los que intervenga, para garantizar la seguridad del paciente».
Desde el punto de vista deontológico, el desarrollo y utilización de grandes bases de datos sanitarias con fines de investigación clínico-epidemiológica es una actividad legítima a la que los médicos y otros profesionales de la salud pueden contribuir en función de sus posibilidades. Pero, no debemos de perder de vista que el desarrollo, gestión y utilización de los datos clínicos debe seguir los valores y principios deontológicos de la profesión médica y se debe informar a los pacientes de posibles usos secundarios, sobre todo, si incluyen una cesión a terceros y la explotación comercial». Por todo ello, y debido a los potenciales riesgos que tiene el análisis y las conclusiones derivadas de grandes bases de datos sanitarias, en el nuevo Código se hace constar que el médico nunca debe colaborar en la manipulación intencionada de datos o de resultados obtenidos a partir de la consulta de esas grandes bases de información médica.
Medio plazo: integración y personalización
A medio plazo, podemos anticipar una integración más profunda de la IA en los sistemas de salud, llevando la personalización de los tratamientos a nuevos niveles. La medicina de precisión, impulsada por la IA, permitirá a los médicos diseñar tratamientos altamente individualizados basados en el perfil genético, el historial médico y el estilo de vida de cada paciente.
La IA también podría desempeñar un papel crucial en la gestión de enfermedades crónicas, proporcionando monitoreo continuo y alertas tempranas sobre posibles complicaciones. Por ejemplo, los dispositivos de salud conectados a sistemas de IA pueden monitorizar en tiempo real a pacientes con diabetes, ajustando automáticamente las dosis de insulina según las lecturas de glucosa en sangre. Esto no solo mejora la calidad de vida de los pacientes, sino que también reduce la carga sobre los sistemas de salud al prevenir hospitalizaciones innecesarias.
En este contexto, el papel del médico evolucionará hacia un modelo más colaborativo con la IA. Los profesionales de la salud deberán adquirir nuevas competencias tecnológicas y de análisis de datos para interpretar y aplicar las recomendaciones generadas por estos sistemas. La formación continua será esencial para asegurar que los médicos puedan integrar eficazmente la IA en su práctica diaria sin comprometer la calidad del cuidado y manteniendo siempre al paciente en el centro del proceso.
Largo plazo: transparencia y deontología
A largo plazo, la interacción entre la IA y la inteligencia humana promete transformar radicalmente el panorama de la medicina. La IA podría avanzar hasta el punto de desarrollar capacidades predictivas y preventivas extremadamente sofisticadas, cambiando el enfoque de la Medicina de reactiva a proactiva.
No obstante, con estos avances vienen importantes desafíos éticos y deontológicos. Desde las organizaciones profesionales debemos de velar por que la IA se utilice de manera justa y equitativa, evitando cualquier forma de discriminación o sesgo. Para ello, es esencial asegurar la transparencia en los algoritmos de IA y la protección de los datos personales de los pacientes. La confianza en la tecnología y en quienes la administran será fundamental para su aceptación y éxito.
La relación médico-paciente, insustituible
Un aspecto crítico en la discusión sobre la IA en medicina es su impacto en la relación médico-paciente. Esta relación, basada en la confianza, la empatía y la comunicación, es fundamental para el proceso de sanación. Aunque la IA puede proporcionar un soporte invaluable, no debe nunca reemplazar la interacción humana que es esencial para el bienestar del paciente, la relación médico-paciente debe seguir siendo el núcleo de la atención médica.
La interacción entre la inteligencia artificial y la inteligencia humana en la medicina está llamada a ser una de las fuerzas transformadoras más significativas de nuestro tiempo, pero su éxito dependerá de nuestra capacidad para equilibrar la innovación tecnológica con los valores humanos fundamentales que definen la práctica de la medicina. Solo así podremos construir un futuro donde la IA y la inteligencia humana trabajen juntas para ofrecer una atención médica más efectiva, personalizada y humana.