
Federico Argüelles Arias es médico especialista en aparato digestivo, coordinador de la Unidad de Enfermedad Inflamatoria Intestinal (EII) del Hospital Universitario Virgen Macarena de Sevilla. Es Profesor Contratado Doctor en la Universidad de Sevilla con plaza vinculada a su plaza asistencial en el mencionado hospital. Ha sido Presidente de la Fundación Española del Aparato Digestivo (FEAD) y es el Presidente Electo de la Sociedad Española de Patología Digestiva (SEPD).
14/07/2024
¿Qué se puede esperar a corto, medio y largo plazo de la interacción de la denominada inteligencia artificial con la inteligencia humana?
Según la Real Academia Española, “inteligencia” es la capacidad de entender o comprender, y “artificial” es aquello que está hecho por mano o arte del hombre. Por lo tanto, estamos hablando de relacionar una inteligencia creada por el hombre con su propia inteligencia. Este concepto es fascinante, aunque también complejo y en constante evolución.
Sin duda alguna, a corto plazo, ya lo estamos viendo, va a existir una mayor integración de la IA en diversas áreas de nuestra vida cotidiana, como la asistencia virtual, la automatización de tareas repetitivas y la personalización de servicios. Esto va a redundar en una optimización del tiempo en la mayor parte de la población sin que, incluso, nos demos cuenta de ello. ¿Acaso no utilizamos “Google Maps” sin darnos cuenta de que usa IA? Este es un excelente ejemplo de cómo la IA puede integrarse en nuestras vidas diarias de manera casi imperceptible pero altamente efectiva. En la parte negativa… ¿cuándo navegas por Internet, no parece que te escuchan? Te saltan anuncios de lo que estaban buscando hace un rato… y tú no lo has pedido…
A medio plazo, se van a ver avances significativos en la colaboración entre la IA y la inteligencia humana en campos como la medicina, la investigación científica y la creatividad artística. Por la parte que me toca, veo el futuro de la IA en el campo de la medicina como esperanzador e ilusionante. La IA está transformando la medicina en múltiples frentes, desde el diagnóstico y tratamiento hasta la gestión hospitalaria y la investigación. En poco tiempo, veremos resolver problemas de diagnóstico y/o de tratamiento que la inteligencia humana es incapaz de hacer y, de nuevo, con un ahorro de costes y de tiempo (que, creo, es lo que más cuesta). Y es que en el campo de la medicina, se va a avanzar en el diagnóstico por imágenes a través de algoritmos de aprendizaje, por ejemplo, en la retinopatía diabética, en las mamografía o en las endoscopias; en la medicina personalizada, algo muy soñado y que permitirá realizar tratamientos personalizados, seleccionando la terapia más efectiva y con menos efectos secundarios; en el seguimiento de enfermedades crónicas; en la cirugía (aunque esto ya es una realidad, con el robot quirúrgico Da Vinci, por ejemplo); en la predicción y prevención de enfermedades cardiovasculares, con algoritmos de IA que analicen datos de salud para identificar patrones que indican un riesgo elevado de enfermedades cardiovasculares, permitiendo intervenciones preventivas; en la gestión de hospitales y recursos y, finalmente, en el desarrollo de medicamentos. Todo esto, desde mi punto de vista, es interesantísimo y muy, muy apasionante. Y es que, en líneas generales, la IA puede y debe contribuir a acelerar el progreso en áreas complejas y a resolver problemas que requieren un alto nivel de análisis y procesamiento de información.
A largo plazo, la interacción entre la IA y la inteligencia humana evolucionarán conjuntamente, con sistemas de IA que aprenderán y se adaptarán continuamente a las necesidades humanas, mejorando su capacidad de respuesta y eficiencia. Sin duda, aparecerán nuevas formas de pensamiento y creatividad, así como habrá cambios en la forma en que nos relacionamos con la tecnología y con el mundo que nos rodea. Se cree que a largo plazo se podrían ver profundos cambios socioeconómicos, con una posible redistribución de la riqueza generada por la eficiencia y productividad de la IA e igualmente, transformaciones culturales en la percepción del trabajo, el ocio y la creatividad, con la IA desempeñando un papel central en estas áreas. Habrá una redefinición de lo que significa trabajar y crear, con una mayor valoración de actividades que requieren el toque humano único. Esto último genera dudas y cierta inquietud, ya que la IA puede generar desigualdad y desempleo, problemas en la seguridad de los datos y, por tanto, en nuestra privacidad, o una importante dependencia y falta de autonomía. Esta es la parte que hay que vigilar y tratar de forma sosegada, con “inteligencia humana”.
A modo de resumen, y como la propia IA me dice: “La interacción entre la IA y la inteligencia humana promete revolucionar múltiples aspectos de la sociedad y la economía. Sin embargo, esta evolución también plantea importantes desafíos éticos, laborales y sociales que deberán ser abordados para garantizar un futuro en el que la tecnología beneficie a todos. La clave será encontrar un equilibrio adecuado entre el aprovechamiento de las capacidades de la IA y la protección de los valores humanos fundamentales”. Como dice un amigo mío, lo ha “bordao” …