
Alejandro Pazos Sierra es médico, Máster en Ingeniería del Conocimiento por la Universidad Politécnica de Madrid, Doctor en Medicina por la Universidad Complutense de Madrid y Doctor en Ingeniería Informática por la Universidad Politécnica de Madrid. Catedrático de Universidad del Área de Ciencias de la Computación e Inteligencia Artificial en la Universidad de A Coruña (UDC). Es, además, Académico Correspondiente de la Real Academia Nacional de Medicina de España (RANME) en Inteligencia Artificial.
El Prof. Pazos es, además, Miembro de la Real Academia de Farmacia de Galicia, Miembro de la Real Academia de Medicina y Cirugía de Galicia, Miembro del Comité Científico del INIBIC (Instituto de Investigación Biomédica de A Coruña), Miembro del Comité de Dirección del CITIC (Centro de Investigación en Tecnología de la Información y las Comunicaciones), Cofundador y responsable de IA para el cuidado de la salud de la empresa «Spin off» IKERDATA y Fundador del grupo RNASA-IMEDIR de la UDC.
07/07/2024
¿Qué se puede esperar a corto, medio y largo plazo de la interacción de la denominada inteligencia artificial con la inteligencia humana?
La conjugación conjunta de solo dos palabras (Inteligencia y Artificial), que han convivido con nosotros por muchos años sin generar por separado grandes movimientos en la sociedad, cuando se juntan para definir un único concepto “Inteligencia Artificial”, en adelante IA, se convierten en el germen del “Tsunami” que está alterando todo nuestro entorno, incluido por supuesto todo lo relacionado con la atención a la salud. Sobre todo, porque se encuentra directamente implicada en la primera fila de un proceso que es muy complejo y cambiante, en el que toda herramienta que potencie nuestras capacidades cognitivas va a ser siempre bien recibida, por la importancia de mejorar la calidad asistencial manteniendo la sostenibilidad de los sistemas públicos de salud. La creciente capacidad de los sistemas artificiales para aprender y actuar de manera “inteligente” está transformando completamente nuestro mundo.
La IA está llamada a tener un papel principal en todo este proceso porque, además de ser esa deseada herramienta, también va a configurarse como el motor impulsor de los principales avances tecnológicos que se van a poner en valor en los próximos años:
- “Big Data/Data Lakes”
- “Computación en la nube y en el borde”
- “Espacios o lugares inteligentes”
- “Impresión 3D/4D con fabricación aditiva, usando biomateriales y con tendencias como la “personalización masiva” y los “micromomentos”
- “Gemelos digitales” y “realidades virtuales extendidas”
- “Humanos aumentados” y automatización robótica con “cobots” y “vehículos autónomos inteligentes”
- “Tecnologías convergentes NBIC” (Nano, Bio, Info y Cogno) para avanzar en la percepción multisensorial predictiva y en una suerte de interacción telepática.
- “Plataformas de comunicación digital y ciberseguridad”
- “Sistemas perceptuales inteligentes” con visión por computadora y procesamiento del lenguaje natural en “chatbots inteligentes”, “LLM” que incorporan “módulos de aprendizaje automático” a modo de “sistemas generativos predictivos”, …
- “Nuevos paradigmas de IA como las “redes neurogliales” y la aplicación conjunta con la computación cuántica para una “computación trinaria”, en lugar de binaria.
- …
Lo citado previamente va a propiciar que la IA tenga una gran influencia en los descubrimientos científicos que se están generando, y en los que están por llegar, produciendo un nuevo cambio de nivel dimensional en la interpretación del proceso etiopatológico, actualmente llegando a un nivel de dimensión “nano”, encontrando muchas de las causas de alteración del estado de salud en moléculas del tamaño de las proteínas, o incluso menor. Además, la IA está llamada a tener una gran influencia en el cambio de paradigma que se está produciendo en todas las fases del proceso asistencial, gracias a la multitud de aplicaciones de IA que se implementan cada día, para dar satisfacción a todas las facetas de este nuevo paradigma de atención al cuidado de la salud que puede ser identificado por sus características “Ps”:
- Proactivo, en lugar de reactivo o incluso defensivo
- Predictivo, anticipando la evolución de procesos patológicos de los individuos y de las pandemias en las poblaciones, …
- Preventivo, detectando patologías precozmente y actuando con celeridad para resolverlas (cribados, vías rápidas, …); promoviendo hábitos saludables (deporte moderado, nutrición saludable, …), evitando factores de riesgo (sedentarismo, tabaquismo, …); …
- Personalizado, durante todo el proceso de atención para el cuidado de la salud, tanto en la prevención como en diagnóstico, tratamiento, control y seguimiento, …
- Preciso, especialmente para evitar efectos iatrogénicos en el proceso asistencial, reduciendo las incisiones quirúrgicas, administrando las menores dosis de fármaco según sea el metabolismo del paciente, …
- Participativo, teniendo al paciente en el centro del proceso asistencial y con posibilidad de simulación de las consecuencias de la toma de decisiones; …
- Periférico o desubicado, permitiendo un adecuado control y seguimiento de pacientes en UCI sin la presencia física del facultativo, haciendo más eficiente la hospitalización a domicilio, incrementando las potencialidades de telemedicina, …
- Poliprofesional, siendo cada vez más necesaria la participación de diferentes profesionales en el proceso asistencial: farmacéuticos, analistas de datos, …
- Permanente, con una atención continuada desde la concepción hasta el “exitus“
- …
Pero es necesario bajar el “soufflé” de lo que la IA puede hacer, ya que la doctrina científica que tenemos actualmente para la implementación de sistemas inteligentes no parece suficiente para dar satisfacción a todas las expectativas que se están creando, en muchas ocasiones interesadas o fraudulentas, acerca de las posibilidades que ofrece la IA para resolver nuestros problemas. Estamos bastante lejanos de poder construir sistemas que incluyan todas las características que deben adornar a un sistema para poder considerarlo “inteligente”. De momento, hemos de conformarnos con replicar de forma bastante satisfactoria la capacidad de aprendizaje para tareas de clasificación/clusterización y predicción, pero estamos bastante lejos de poder incorporar a los sistemas artificiales, con un mínimo nivel de efectividad, otras características de la inteligencia como es la intencionalidad, la creatividad, la curiosidad, la consciencia, la conciencia y, sobre todo, el “sentido común”, por la dificultad de su definición.
Las limitaciones del uso de sistemas de este tipo se refieren, sobre todo, a los sesgos por la utilización de fuentes no contrastadas, la falta de uso de “ontologías” y estándares que aseguren que detrás de cada etiqueta semántica se encuentra siempre el mismo concepto, la opacidad de las respuestas con dificultades para explicar el resultado, la posibilidad de vulnerar la privacidad y seguridad de los datos las informaciones y los conocimientos (DIC), pudiendo usarse incluso en contra de los intereses de sus legítimos propietarios, etc. Aunque la limitación mayor que existe actualmente para la utilización eficiente de la enorme miríada de aplicaciones de IA, que surgen como las setas en otoño, es la falta de validación y verificación formal de su funcionamiento. La inmensa mayoría de las “apps” de IA actuales están desarrolladas para resolver “problemas de laboratorio” que ocurren en escenarios controlados y no para funcionar adecuadamente en entornos del mundo real, que está afectado por ruido del propio entorno, por fallos en los elementos que lo procesan, y por lo que se conoce como “maldición de la cuádruple I” del “conocimiento natural”: Incierto, Impreciso, Inconsistente e Incompleto
A pesar de todas las grandes oportunidades que brinda la IA, es necesario tener en cuenta que no es más que una potente herramienta para incrementar nuestras capacidades intelectuales, pero en ningún caso se debe interpretar como el “Bálsamo de Fierabrás” que se refiere en el Quijote como aquella pócima que todo lo cura. La IA no está en disposición de resolver todos los problemas que actualmente plantea la adecuada atención al cuidado de la salud y, como ya se ha dicho, sería recomendable rebajar las expectativas que se están generando, porque al no verse cumplidas en toda su extensión las expectativas se puede generar una profunda frustración y, como consecuencia posterior, un considerable futuro rechazo.
La sociedad actual demanda nuevos servicios sociales y sanitarios en un nuevo concepto de atención al cuidado de la salud, que implican un cambio en el modelo sanitario actual para hacerlo de mayor calidad y sostenible. La “tecnología inteligente” se señala como algunas de las bases sobre las que se podrá conseguir este cambio. Es pertinente recordar aquí lo que la Reina Roja dice a Alicia en “El otro lado del espejo”: “Aquí tienes que correr todo cuanto te sea posible para poder quedarte en el mismo lugar, y si quieres ir a otro lugar, … entonces tienes que correr el doble». Las tecnologías con IA pueden ayudar a extraer y organizar información relevante, en el diagnóstico y diagnóstico diferencial, también en generar informes médicos, personalizar tratamientos, acelerar el descubrimiento temprano de fármacos por reposicionamiento y mejorar la interacción con el paciente. Además, facilitan una atención más eficiente en el paradigma “nP” previamente expuesto. Pero existe la necesidad urgente de capacitar a los futuros profesionales médicos en habilidades del paradigma “nP”, incluida la IA. Estas nuevas competencias, habilidades y conocimientos son, cada vez más necesarias para el correcto ejercicio de la profesión. Todo parece indicar que, si bien las herramientas inteligentes no desplazarán a los profesionales, sí provocarán que los profesionales que manejan adecuadamente estas herramientas desplacen a aquellos otros que presenten carencias en su uso.
Así, a corto, medio y largo plazo podemos esperar una cada vez más fluida capacidad de comunicación de los seres biológicos inteligentes con los “cientefactos” que incorporan IA, avanzando en ese escenario que ansiaba Norbert Wiener cuando, en 1940, instauró la rama de la Ciencia que se conoce como “Cibernética”. La mejor capacidad de comunicación hará que las poderosas herramientas de IA sean cada vez más eficientes, adecuadamente usadas bajo el control del humano, como ocurre con cualquier otra herramienta. Es necesario que todos intentemos aportar luz en este camino, logrando que la utilización de las aplicaciones de la IA sea ética, sin prejuicios, preservando la dignidad y los intereses todos, profesionales o pacientes, y que el beneficio sea para todas las personas, no solo para una minoría de privilegiados.