
Galo Peralta Fernández. Médico especialista en Medicina Interna. Director de Gestión de la Fundación Instituto de Investigación Marqués de Valdecilla (IDIVAL).
01/07/2024
¿Qué se puede esperar a corto, medio y largo plazo de la interacción de la denominada inteligencia artificial y la inteligencia humana?
IA: ¿amigo o enemigo?
“La inteligencia artificial podría ser el mejor o el peor invento de la humanidad. No sabemos si seremos infinitamente ayudados por la IA, o ignorados por ella y marginados, o destruidos por ella”. Esta reflexión preclara de Stephen Hawking adelantó una preocupación fundamental actual en el debate sobre la IA: su capacidad para desarrollar habilidades autónomas que podrían superar el control humano. La advertencia de Hawking resalta la importancia de abordar el desarrollo de la IA con un enfoque ético y responsable, asegurando que estas tecnologías se utilicen para el beneficio de la humanidad y no para su detrimento.
En un contexto donde la IA está cada vez más presente en nuestras vidas, estas preocupaciones son cruciales para guiar políticas y prácticas que mitiguen riesgos potenciales. Actualmente la postura actual de grandes pensadores, estrategas, expertos, y líderes de opinión sobre la inteligencia artificial (IA) es diversa, incluso divergente.
Noam Chomsky, uno de los grandes pensadores de nuestro tiempo manifiesta su decepción al referirse a Chat GPT y enfatiza no pueden distinguir entre lo posible y lo imposible, limitando su capacidad para generar explicaciones significativas; más aún señala que la dependencia en el aprendizaje automático en la IA podría degradar la ciencia y la ética.
Elon Musk ha llegado a afirmar que podría haber un 20% de posibilidades de que la IA destruya la humanidad y a la vez indica que la inteligencia artificial nos quitará todos los puestos de trabajo, aunque eso no sea necesariamente malo.
En el otro extremo Bill Gates señala que la IA hará que se creen muchas cosas nuevas, muchas categorías laborales, nos hará la vida de todos más fácil; el magnate ha señalado específicamente que ayudará a los médicos a hacer su papeleo, que es «parte del trabajo que no les gusta”(1).
En cualquier caso, que existe una opinión generalizada sobre el impacto reseñable que la IA tendrá en nuestras vidas en pocos años en términos generales y específicamente en el ámbito laboral en el que se calcula que más del 40% de los trabajos se verán directamente afectados por la IA. En el ámbito de la salud la IA ya es una realidad. La FDA ha autorizado 882 productos sanitarios con IA, y continuamente se muestran casos de uso de la IA como apoyo al trabajo médico, por ejemplo en el desarrollo de la historia clínica que se registra de manera estructurada, recogiendo la información de una conversación no estructurada, apoyada por la propia IA. Las expectativas son apabullantes como destaca un reciente estudio de McKinsey indica que la IA puede llegar a tener un impacto de 1 trillón de dólares en el ámbito sanitario (2).
La explosión de la IA nos obliga a aprender haciendo y asumir los riesgos que ello conlleva. ¿Qué sucede con las apps gratuitas disponibles para detectar enfermedades? ¿Quién asume los errores derivados de la IA? ¿Como integrarla en nuestro trabajo diario en el ámbito de la salud? Leer una radiografía, un electrocardiograma, tomar notas, ayudar a procesar la información disponible resumiéndola y estructurándola, asesorar en decisiones profesionales a sanitarios y gestores, ayudar a los investigadores clínicos en la elaboración de preguntas, extraer conclusiones de la información disponible, preparar documentación administrativa, asesorar en su cuidado a los pacientes, y a sus familiares o simplemente acompañarlos, son sólo algunas de las tareas en las que nos puede ayudar.
Los sistemas de salud se enfrentan a enormes retos derivados de las necesidades en crecimiento de atención sanitaria, que debe centrarse en las personas con el uso de la técnica. ¿Puede ser la IA una de las soluciones para ello? ¿Puede la IA ayudar a descargar al sistema sanitario de tareas relacionadas con la recogida y procesamiento de la información, que consumen un enorme volumen de recursos? ¿Puede ayudar de esta manera a liberar recursos de los sistemas sanitarios, de la mano de sus profesionales, para que se puedan centrar en la atención a las personas? ¡Todos deseamos que sí!